Velocidad de infiltración del agua entre tipos de suelos con diferentes texturas y composición vegetal
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Resumen
La infiltración es parte del ciclo hidrológico y ocurre cuando las aguas procedentes de las precipitaciones o de almacenes superficiales (deshielos, ríos, lagos) inician un movimiento descendente, adentrándose en el subsuelo y pudiendo alcanzar diferentes profundidades en función de las condiciones. El agua de la precipitación que escurre en el suelo puede llegar a formar parte de la escorrentía, pues no toda la precipitación que es producida por la atmosfera cae a la superficie del suelo, ya que gran parte de ella se evapora antes de llegar a este, mientras que la otra cantidad es retenida en la cobertura vegetal. El agua que logra llegar al suelo, dependiendo de la condición de la superficie del suelo, puede ser absorbida por éste (Tobón 2016). Dentro del proceso de infiltración existe un factor clave: el tipo de suelo. En efecto, el suelo afecta las condiciones en que se infiltra el agua, dependiendo si es arenoso, franco, franco con vegetación y arcilloso. Cada tipo de suelo tiene distintas características por lo que este proceso se lleva acabo de diferentes formas, en distintas velocidades de infiltración y capacidades de retención y permeabilidad del agua. Los suelos arenosos presentan mayor capacidad de infiltración, mientras que, los suelos arcillosos son los menos permeables y a su vez son los menos aptos para el cultivo, siendo el suelo franco el punto medio, al tener una capacidad media alta de infiltración y retención, generando que este suelo sea apto para la agricultura.